MGP

“Esa palabra “resignación”, inventada por los astutos que gozan, para encadenar el brazo de los inocentes que sufren iniquidades y atropellos, debe desaparecer de todos los labios, porque resuena como sinónimo de ultraje en el opresor, de cobardía en el oprimido. Quitemos al poderoso algo de su poder, al rico algo de su riqueza, y veremos si conocen y preconizan la “resignación”. La Tierra produce aún los frutos necesarios para alimentar holgadamente a la humanidad, continúa siendo para sus hijos la madre de fecundas y preñadas ubres, y si hay hambre y miseria en unos, mientras hay hartazgo y riqueza en otros, es porque el hambriento y el miserable, en lugar de rebelarse y combatir, se resignan cristianamente a sufrir su desventurada suerte.

(..)

“El “respeto” y la “resignación” pueden haber llenado el martirologio romano y el cielo; pero solo el irrespeto y la rebeldía conquistaron la naturaleza y cubrieron de flores el camino de la humanidad. Un solo acto de rebeldía suele producir más bienes a la especie humana que todas las “resignaciones” y todos los “respetos”. Donde irradia un foco de luz, donde se derrumba una preocupación o un error, donde surge algo que sublima el pensamiento y ensancha el corazón, estemos seguros de que ahí corrieron el sudor y la sangre de algún irrespetuoso y de algún rebelde.

“Y ¿a quién le cumple más que al escritor la indisciplina y la insumisión? Él debe marchar siempre a la cabeza de los insumisos e indisciplinados, tan ajeno a los aduladores del poder como a los cortesanos de la muchedumbre. Para demandar justicia no aguarda hora propicia ni ocasión favorable, sino que la exige siempre en todo lugar, principalmente cuando se corre peligro al demandarla y cuando todos tiemblan y callan. Y en esto se diferencia del político.

Los políticos de profesión, los que se desvelan por ganarse prosélitos, hablan siempre con atenciones, circunloquios y estratagemas, mientras que el hombre verdaderamente libre lanza el pensamiento en su más cruda integridad, sin  que le importe nada herir los intereses de las clases acomodadas ni sublevar la cólera de agrupaciones ignorantes y fanáticas”.

Manuel González Prada, Propaganda y ataque, en Pájinas libres.

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