Ensayo sobre cine


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ENSAYO

La “Teta Asustada” y el miedo latente de los desplazados

Márlet Ríos

Exordio

En el presente ensayo abordaremos el tema de violencia política que sufrió nuestro país en el período 1980-2000. El fenómeno de violencia política que vivió nuestro país, con estragos patentes, ha sido enfocado con particular visión por el arte peruano (literatura, teatro, artes plásticas, cine). Nosotros analizaremos, a partir de la sociología, la película “La Teta Asustada” (2009), dirigida por Claudia Llosa, quien se ocupa con valentía y sin miramientos de un tema crudo y vigente. El propósito de este ensayo es compatible con las propuestas del multiculturalismo y una política de la diferencia para con las culturas en desigualdad de condiciones e históricamente subordinadas. Partimos de que nuestra identidad como individuos históricos concretos se construye, en gran medida, en función del diálogo constante –biunívoco, no unilateral- con otras subjetividades e identidades particulares. De esta manera:

“[El ] rasgo decisivo de la vida humana es su carácter fundamentalmente dialógico. Nos transformamos en agentes humanos plenos, capaces de comprendernos a nosotros mismos y por tanto de definir nuestra identidad por medio de nuestra adquisición de enriquecedores lenguajes humanos para expresarnos (…) Pero aprendemos estos modos de expresión [los lenguajes] mediante nuestro intercambio con los demás…”[1].

El miedo latente de los desplazados

El título de la película es una metáfora para describir y abordar el miedo y el trauma presentes en la protagonista principal, Fausta Janampa Chauca, a quien su madre “le transmitió el miedo por la leche” –según el tío de Fausta-, después de ser víctima de una violación presumiblemente cometida por militares o agentes del Estado. La madre se encontraba en plena gestación de Fausta cuando ocurrió el hecho. El contexto en que se dio el incidente fue el de violencia política, que padeció el país desde 1980 hasta el año 2000. Este fenómeno de violencia se manifestó con mayor crudeza en la Sierra Sur de nuestro país, es decir en los departamentos más pobres (Ayacucho, Apurímac, Huancavelica).

Por otra parte, el fenómeno de violencia política (1980-2000) que vivió la sociedad peruana nos devela relaciones de poder rígidas y una situación de intolerancia y asimetría profunda, con respecto a las víctimas principales del conflicto. La subsistencia de relaciones altamente jerarquizadas, reproducidas por un estado etnocéntrico (racista) y excluyente, junto con una violencia simbólica eficaz, son factores determinantes para analizar este proceso de violencia. Un dato muy relevante para nosotros, recogido por la Comisión de la Verdad y Reconciliación, es que en este escenario de conflagración interna “el 75 % de los muertos y desaparecidos son quechuahablantes (…) lo que indica que hay una relación estrecha entre violencia sufrida y etnicidad…”[2].

Fausta tiene la “enfermedad” que fue transmitida directamente por su madre, supuestamente durante el periodo de lactancia. La muchacha se identifica y asume como propios el sufrimiento y el dolor de su madre (alteridad). “Yo lo vi todo desde tu vientre”, asegura Fausta en tono dolorido.

No es casual que la película empiece con el canto lastimero y sobrecogedor en quechua de la madre de Fausta. El quechua es el idioma de los que sufrieron con mayor intensidad y medida el fenómeno de violencia política: los campesinos pobres de las serranías de nuestro país. Fausta y su madre son víctimas de la violencia interna, convirtiéndose en desplazadas en Lima. La directora Claudia Llosa reivindica de alguna manera a los campesinos quechuahablantes y excluidos, quienes sufrieron en carne propia la violencia política durante 1980 hasta el 2000. Y lo hace desde una perspectiva cultural (multicultural).

La “enfermedad” de Fausta se manifiesta en su temor inocultable y en su carácter introvertido y huraño. A ella le cuesta mucho relacionarse con  los demás, sobre todo con los hombres, y vive presa del miedo; a tal extremo que no puede caminar sola por la calle: necesita  la compañía de un familiar. Asimismo, Fausta tiene un terror latente de ser violada igual que su madre. A causa de esto, ella se introduce una papa en la vagina como una forma de evitar ser abusada sexualmente: el tubérculo le sirve como “escudo” que protege su honra.

Según el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), de una muestra de 401 testimonios recogidos, el 53.3 % de los entrevistados mencionaron espontáneamente el miedo como uno de los sentimientos experimentados cuando ocurrieron los hechos violentos que trastocaron para siempre sus vidas.

Durante el conflicto armado interno que sufrió el país, la mujer, principalmente campesina del área rural de la serranía,  fue víctima de violencia sexual (violación, uniones forzadas, servidumbre sexual y abortos forzados). Según la CVR, el 83 % de los actos de violación sexual fueron cometidos por agentes del Estado. Las víctimas fueron principalmente mujeres de los sectores rurales andinos y amazónicos. La CVR considera que se trató de una práctica reiterada y persistente contra mujeres de entre 11 y 30 años. Cuando fue cometida contra sospechosas de subversión, esta práctica se produjo en algunas instalaciones militares y policiales.

Una reparación económica y una asistencia médica y psicológica constituyen elementos para subsanar en parte las enormes heridas de las mujeres –como Fausta y su madre-, quienes sufrieron en carne propia la violencia política, y afrontan los estragos de este hecho traumatizante. La superación del racismo, la exclusión y el atraso que se producen todavía en nuestra sociedad, ayudaría bastante para que este fenómeno de violencia política no se vuelva a repetir. Sin embargo, un fenómeno social como el racismo no es un fenómeno unívoco y exclusivo de las clases más acomodadas y poderosas de este país: también las clases medias y bajas en alguna medida reflejan un hondo racismo como un lastre muy pesado.

Una violencia simbólica y real ha sido ejercida históricamente contra la población indígena de nuestros países. En el caso del Perú, en la Colonia y con posterioridad, a una República de indios, subordinada e invisibilizada, se le opuso en forma totalitaria una república de españoles, hegemónica y elitista.

Con respecto a la educación formal, un modelo de enseñanza jerarquizada y eurocéntrica fue impuesto deliberadamente por los grupos dominantes. De esta manera, una valiosa y específica tradición cultural –la de los llamados pueblos originarios- fue invisibilizada bajo una forma de opresión altamente eficaz. Así:

“Desde los albores de su vida republicana, los países latinoamericanos diseñaron un tipo de educación que (…) respondía a las necesidades educativas de sus clases dominantes que miraban más hacia fuera que hacia la realidad interior de los países a los que pertenecían…”[3].

Una educación que no permite desarrollar nuestras potencialidades y capacidades individuales y nos niega abiertamente (aun deliberadamente) el derecho de afirmar nuestra identidad, es empobrecedora y constriñe nuestra libertad. Este tipo de educación va en contra de una política de la diferencia, toda vez que ésta “se fundamenta en un potencial universal, a saber: el potencial de moldear y definir nuestra propia identidad, como individuos y como cultura…”[4].

Este tipo de educación coercitiva y jerarquizada afecta significativamente la autopercepción que los pueblos indígenas poseen. Una violencia simbólica es desplegada causando serios estragos en la autoestima y generando una falsa percepción, mistificada, de ellos mismos. Pero, además, hay otras graves consecuencias:

“Antes que a un enriquecimiento cultural, producto de la comparación y la confrontación de puntos de vista, visiones del mundo y formas de expresión distintas, la educación homogeneizante contribuye a un virtual empobrecimiento cognitivo, cultural y simbólico de los pueblos indígenas, formando (…) algunas generaciones de indígenas alienados e identificados más bien  con lo ajeno que con lo propio, y que pueden incluso mostrarse intolerantes con los suyos…”[5].

Un desencuentro profundo se produce entre el Estado y los pueblos originarios cuando se pretende instaurar una ciudadanía meramente formal, únicamente desde la ley. No olvidemos que la Constitución Política de 1993 recoge y reconoce explícitamente la particularidad en los individuos, con respecto a tener una identidad propia; asimismo reconoce claramente un tipo de multiculturalismo. Así, el numeral 19 del artículo 2º (del Título I), reconoce que toda persona tiene derecho a “su identidad étnica y cultural. El Estado reconoce y protege la pluralidad étnica y cultural de la Nación.

”Todo peruano tiene derecho a usar su propio idioma ante cualquier autoridad mediante un intérprete…”.

Sin embargo, en regímenes de democracia formal proclives al patrimonialismo y clientelismo, así como influidos tradicionalmente por una vertiente autoritaria muy notoria, se produce una asimetría y una serie de tensiones manifiestas entre los actores involucrados (en nuestro país estas tensiones se han agudizado en los últimos años). Así, estas tensiones y asimetría son el resultado de la ausencia de una política efectiva de la diferencia, junto con el predominio de relaciones jerárquicas tradicionales (república subordinada de indios versus república hegemónica de españoles). Para Xavier Albó:

“Nuestras sociedades se caracterizan por sus relaciones asimétricas, que suelen expresarse gráficamente en forma de una pirámide social, sea al nivel regional, nacional o incluso internacional: arriba están los sectores minoritarios más ricos y acomodados que controlan el poder político y económico; abajo, las mayorías subordinadas y más pobres, que dependen (y sufren) de las decisiones tomadas por los pocos de arriba…”[6].

Colofón

Nuestra sociedad se caracteriza por ser una de agudos contrastes o antagonismos sociales. Esto se ve retratado fehacientemente en la película de Claudia Llosa. La pobreza visible de Manchay –lugar donde se filmó la cinta- es muy real, patente. La CVR ha confirmado que grupos de desplazados por el conflicto interno se han asentado en este lugar de Lima[7]. Las miserables casas de esteras, sin pistas asfaltadas y sin saneamiento y sistema de alcantarillado, no tienen nada de ficticio.  Por el contrario, configuran una realidad chocante, en contraste con el pequeño oasis de confort, lujo y limpieza de la mansión de la señora adinerada y blanca, donde Fausta trabaja como sirvienta.


[1] Charles Taylor, El multiculturalismo y la “política del reconocimiento”. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1993, pp. 52/53.

[2] Pilar Coll, Dos años de camino: La Comisión de la Verdad. Junio 2001-mayo 2003. Lima: CEP, junio 2003, p. 24.

[3] Luis Enrique López, “No más danzas de ratones grises: sobre interculturalidad, democracia y educación”, en: Godenzzi (compilador), Educación e interculturalidad en los Andes y Amazonía, 1996, p. 23.

[4] Charles Taylor, op. cit., p. 65.

[5] Luis Enrique López, op. Cit., pp. 29/30.

[6] Xavier Albó, Hacia unas políticas interculturales y lingüísticas para Bolivia, p. 69.

[7] El autor de este ensayo fue voluntario de la CVR y visitó, junto con otros colaboradores, Manchay en el 2002. Comprobó in situ que desplazados de la Sierra Sur habitan en dicha zona.

 

 

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De poetas venales y poetas libertarios

 

“Pero no confundamos a los poetas con los que escriben libros por vanidad o se doctoran en la carrera literaria: esos mismos que se prostituyen detrás de los premios o de las famas de cenáculos: esos pobres tontos que pretenden encerrar la poesía en un cofre, como si las palabras fueran simples joyas y no lo que son: la carnadura del alma”.

                                                         Jacobo Fijman

En este país, los literatos orgánicos del sistema se han vendido como meretrices. Han callado en todas las lenguas para retribuir los favores del poder. Desde sus puestos y confortables sinecuras, los antiguos petardistas y revolucionarios de café –admiradores del Che y la supuesta revolución libertaria castrista— se han aburguesado cual canallas de la venerable Sociedad Nacional de Industrias. Cisneros, Martos, Orellana (quien le escribía los discursos a Fujimori), Sánchez Hernani, etc. tienen mucho que agradecer a regímenes corruptos y autoritarios, que tienen las manos manchadas de sangre y hedor. ¿Se puede esperar algún acto de contrición o arrepentimiento sincero de estos respetables señores?

Poetas venales versus poetas refractarios

Son muy pocos los poetas y escritores rebeldes y flamígeros que se mantienen al acecho y críticos. Uno de ellos es el poeta proletario Leoncio Bueno. Ni la cárcel ni las reiteradas crisis económicas han podido doblegar su espíritu refractario. Su poema “La dicha de los dinamiteros” es una epifanía de una vida comprometida con los de abajo: “La violencia es una forma de felicidad./ ¿Contra qué se dispara una revolución?/ Contra los privilegios./ Los privilegios constituyen la violencia/ de los poderosos…”. A diferencia de los poetas cortesanos, Leoncio Bueno es todo un símbolo y nos remite, en otro contexto y época, a ese gran poeta libertario norteamericano, mentor de los beatniks, Kenneth Rexroth.

Debido a su pensamiento político influenciado básicamente por el anarquismo, Rexroth fue un crítico frontal de la Revolución Rusa y la supuesta “dictadura del proletariado”, la cual -ahora sabemos– nunca existió. De esta manera, el poeta escribió: “Anterior a 1918, la palabra ‘comunismo’ no significaba Democracia Social de Izquierda o lo que representaban los bolcheviques rusos, una radical y revolucionaria forma de socialismo de estado. Todo lo contrario, era usado por aquéllos que aspiraban a una forma u otra de abolir el estado, quienes creían que el socialismo no era una manera de tomar el poder, sino de eliminarlo y retornar la sociedad a una comunidad orgánica de relaciones humanas no coercitivas…”.

Rexroth se había acercado a las tradiciones culturales del lejano oriente desde su juventud, y era un activista libertario comprometido con las luchas concretas de los trabajadores y de la humanidad amante de la libertad y de la revolución social. Su magnífica poesía está influida por su ideología política, sin embargo sus temas son amplios (historia, amor, erotismo, filosofía oriental, etc.). Sus poemas de amor, por ejemplo, revelan un tono intenso, con elementos de nostalgia y tristeza.

Rexroth pertenece a una gran tradición de poetas norteamericanos que se identificaron con las clases trabajadoras, verdaderas productoras de la riqueza social, y apostaron por una nueva humanidad. Esta tradición incluye a Carl Sandburg, Allen Ginsberg, Charles Bukowski, Lawrence Ferlinghetti, entre otros.

En este país han habido epígonos y burdos imitadores de Ginsberg y Bukowski. Muchos de ellos son poetastros alcoholizados y egocéntricos con aureola de “poetas malditos”. Su mayor contribución a la humanidad es haber sido erigidos como sacerdotes ebrios en cenáculos y círculos “subterráneos”. ¿Sabrán estos nihilistas edulcorados que en nuestro país los obreros comen mierda? ¿Sabrán que Dionisio Romero ha comprado la mitad del departamento de Piura con bendición del Cardenal?

El régimen nauseabundo y liberticida de Fujimori no sólo contó con la aquiescencia de empresarios y tecnócratas. Cual periodista gourmet y comodín con todos los gobiernos, los poetas-cortesanos-funcionarios callaron e hicieron votos de silencio. Todos pretenden “pasar piola”. Su sinuosidad recuerda a ofidios antediluvianos y megalómanos de florido verbo.

M. Ríos

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