2 años después de la masacre, ¡Bagua no se olvida!

 

 

Reproducimos este texto repartido en la movilización del  5 de Junio del 2010, fecha en la que se recordaba un año de la masacre en Bagua, región Amazonas (norte de la Amazonía peruana) bajo responsabilidad de Alan García y  su entonces ministr@s  Mercédez Cabanillas,  la tecnócrata y propagandista del TLC,  Mercédez Aráoz, el ex-izquierdista “radical” simpatizante del MRTA,   Yehude Simons; y del Estado peruano, en su firme apuesta por implantar un paquete de decretos legislativos que tenía por objetivo final justificar legalmente el nuevo ciclo de despojo  de los  pueblos originarios y depredación de la Amazonía por parte del Capitalismo.

Hay una serie de datos e información referida brevemente sobre el avance desbocado del desarrollismo  en la Amazonía proyectado para las próximas décadas y que consideramos  es necesario difundir y discutirse, pues los Estados  y Capitales, tanto de esta región del planeta como de los centros de poder político-económico,  tienen planificados un conjunto de “megaproyectos” para facilitar la extracción de materias primas, combustibles y energía  barata para la reproducción y expansión de esta maquinaria de explotación, dominación y muerte, el orden Capital-Parlamentarista.

Propaganda&Ataque

 

¡Contra el mito del progreso y el desarrollo!

A dos años de la Rebelión Amazónica

El territorio amazónico ha sufrido y resistido diversos intentos de saqueo y depredación a lo largo de su historia. A las infructuosas empresas planificadas por los invasores españoles en búsqueda de “El Dorado”, le siguió un largo período en el cual se intentó integrar inútilmente este territorio a la economía extractiva colonial por medio de las armas y la evagelización homogenizadora de las misiones religiosas católicas, proceso que fracasó debido a la fuerte resistencia de los pueblos. …(continuar leyendo)

A finales del siglo XIX, con el inicio de la República y la formación del Estado-nación “peruano”, resurge el interés por colonizar este extenso territorio “vacío”.  Dirigido por las élites criollo-mestizas, se da un proceso de acumulación por despojo, que consistió en el establecimiento de un tributo indígena sin reconocimiento de “derechos”, en la eliminación de las figuras jurídicas del virreinato que protegían la vida comunal indígena, en la apropiación de las tierras comunales bajo argumentos del liberalismo, y, sobretodo, en el establecimiento de la servidumbre para beneficio de las haciendas. Asimismo, se promueve la inmigración europea que pudiera poblar, “civilizar”, “modernizar” y hasta “mejorar la raza” (basándose en sofisticaciones pseudo-científicas y racistas) en aquellas tierras de abundante riqueza, pero aún habitada por una diversidad de pueblos, cuyos individuos -a los ojos de las elites fundadoras de la “nación peruana”- eran vistos simplemente como “chunchos”.

A este período le siguió una de las experiencias más terroríficas que se hayan visto en la Amazonía: la economía cauchera, que con su incursión oscura y sangrienta, articulada a los intereses del mercado y los capitales internacionales, esclavizó y exterminó, hasta la tercera década del siglo XX, poblaciones indígenas enteras ante la pasividad cómplice del “Estado peruano” y sus elites criollo-mestizas.

En la actualidad, luego de siglos de resistencia (incluido el enfrentamiento al autoritarismo y la brutalidad de Sendero Luminoso y el MRTA desde los ochenta), hemos sido testigos de la última gran Rebelión Amazónica. El levantamiento de los pueblos amazónicos el 2008 y el 2009 y la masacre del 5 de junio tienen como fondo los nuevos intentos de saqueo, explotación y depredación de los capitales transnacionales (corporaciones mineras, petroleras, etc), de los estados (peruano, brasileño, europeos, etc), y de los grupos económicos locales (ejm: Grupo Romero)

Nosotros, como anarquistas, no apostamos por consagrar la caída de “mártires”,  y soltar unas lágrimas cínicas por “matarnos entre peruanos” (como si el matar a un “extranjero” fuera más legítimo y justificable). Tampoco imploramos a la voluntad política para una “reconciliación nacional”. Seguir estos argumentos es caer en las trampas del discurso ideológico hegemónico de las elites económico-políticas, promovido a través de sus periodistas, “líderes de opinión”, intelectuales, analistas políticos, científicos sociales, profesores universitarios y demás plumíferos a sueldo que  apelan al patriotismo plástico y comercializable de la comida peruana y el eslogan “El Perú Avanza” para asegurar sus intereses económicos.

Nosotros, como anarquistas, sostenemos que es momento de cuestionar profundamente el mito del progreso y el desarrollo. El concepto de desarrollo, planteado como sinónimo de “crecimiento económico” por los tecnócratas neoliberales, es imposible de sostener aun a mediano plazo, debido a los efectos del cambio climático, el coste de energía y la producción de desechos que genera. El discurso del desarrollismo, en su variante “desarrollo sostenible”, supone verdaderamente la destrucción desacelerada y segura de lo que queda del mundo natural. El crecimiento económico de la Amazonía, tal como está pensado, tendrá necesariamente enormes costos medioambientales y sociales.

Sostener la “inevitabilidad y necesidad” de la extracción de los recursos de la Amazonía, tal como esgrimen varios sectores de la izquierda, así como el nacionalismo y los partidos de los clases propietarias y demás arribistas (PPC, UN, APRA) que aspiran al gobierno,  es una justificación cínica. Estas agrupaciones proponen que el mal menor sería que los costos socio-ambientales del desarrollismo se “minimicen y controlen” con la elaboración de un “Plan Nacional de Desarrollo”. La administración Estatal (al igual que el sistema de mercado generalizado) de los bienes comunes (en este caso el agua, tierras de cultivo, espacios naturales, etc), del legado de las diversas culturas originarias y sus formas de conocimiento y saberes tradicionales, así como de la complejidad del mundo natural (biodiversidad), no considera los costos socio-ambientales de esta apropiación. El Estado, como agente promotor y ejecutor de la industrialización y explotación de la Naturaleza funciona sistemáticamente bajo lógicas temporales de corto plazo, sin asumir los costos medioambientales y sociales futuros.

En los años venideros, la Amazonía, como una de las últimas reservas de “recursos” codiciados   (agua,  biodiversidad, bosques, etc), y, por lo mismo, como territorio estratégico para el control de los estados neo-colonizadores y los capitales transnacionales, regionales y locales, se enfrentará a los últimos proyectos del desarrollismo desbocado: 52 proyectos hidroeléctricos con las inundaciones y contaminación que implican; 35,3 millones de hectáreas (45.5% de la selva) concedidas para exploración y explotación petrolera; 483,581 hectáreas nuevas para la plantación de biocombustibles; 15 millones de hectáreas nuevas para explotación maderera; 4, 486 km de carreteras, entre otros, dentro del marco de “cooperación energética” entre Brasil y Perú; y los proyectos de integración de la infraestructura sudamericana (IIRSA), así como bajo el amparo de la legislación anti-comunidades indígenas justificada como requisitos para un TLC con Estados Unidos.(Ver datos: Amazonía Peruana en 2021, libro disponible en la web)

Ante esta amenaza por parte de los estados y corporaciones transnacionales, que bajo el discurso del desarrollismo, promueven proyectos de depredación de la Amazonía, creemos que deben ser los propios pueblos indígenas quienes se auto-organicen, rebasando la lógica institucional y la canalización de demandas que tolera la democracia-representativa liberal a través de la administración estatal-parlamentaria; y, de esta manera, aspiren a conquistar laautonomía de sus pueblos, entendida como la capacidad de recuperar la integridad de su identidad, su cultura y sus territorios, así como la posibilidad de administrar y gestionar comunitariamente sus bienes comunes, al margen de las lógicas estatales y del mercado,que implican la destrucción de los ecosistemas que habitaron sus pueblos junto a otras especies.

Por eso criticamos el oportunismo político de distintos personajes, tanto de sectores de “izquierda”- sobretodo en el caso de algunos dinosaurios izquierdistas – como del nacionalismo, que han intentado conseguir ventajas políticas para sus agrupaciones y círculos de interés tratando de asegurarse votos, buscando establecer alguna alianza, incorporando forzosamente el proceso de organización y rebelión indígena- fruto de largos años y con principios organizativos donde las decisiones se establecen de abajo arriba – a sus teorías esquemáticas desfasadas y a sus narrativas revolucionarias evolucionistas y hasta incluso sosteniendo la urgente necesidad de establecer una “dirección” – la de ellos, por supuesto – que “aclare” y “guíe” a las “masas” indígenas por una especie de auténtico camino revolucionario.

Exhortamos, finalmente, a los líderes indígenas como el Apu Alberto Pizango, entre otros, así como a los miembros de los distintos pueblos amazónicos, a retomar el camino de la auto-organización y la autonomía, como ya lo vienen haciendo otros pueblos indígenas en el continente, dejando de lado las tentativas electorales y el juego por el poder estatal. La política “realmente existente” establece un conjunto de reglas y mecanismos institucionales que terminan por sofocar y dar canales de apaciguamiento al descontento y movilización social. Cualquier intento de transformación social, encausada únicamente dentro de los márgenes institucionales tolerados por la democracia-representativa liberal, estará destinada al fracaso y la traición.

La LUCHA no ha concluido con la masacre en Bagua ni mucho menos con la aprobación de los decretos legislativos de consulta no vinculantes, pues en esos términos, la última palabra la tendrá siempre el Estado. Las circunstancias de Bagua sirvieron para desenmascarar la naturaleza represiva de cualquier estado, así como los verdaderos intereses que alientan su accionar. La guerra social y por el medio ambiente se llevará adelante en toda la Amazonía y en las áreas naturales que aún quedan sin depredar en todo el planeta.

¡Por la autoorganización, la autonomía y el derecho a la diferencia de los pueblos indígenas!

¡Por la vida y la Amazonía!

¡Viva la An-arquía!

 

La Yakumama

 

http://www.amazonia-andina.org/sites/default/files/infograf%C3%ADa%20Amazonia%20en%202021.bmp

http://www.amazonia-andina.org/sites/default/files/Amazonia%20peruana%20en%202021%20Marc%20Dourojeanni.pdf

 

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