Carta a los anarquistas, sobre los indignados

 

 

Nos llega este comunicado sobre el 15.0 desde la región España. Consideramos que pese a los elementos y demandas propios de la realidad de dicha región, hay puntos de interés general para difundir ya que la convocatoria a este tipo de manifestaciones es muy amplia, llegando incluso a atraer a grupos y partidos de la izquierda autoritaria y otras formas de politiqueros, reformistas, ONGs, nacionalista$ y demás especímenes subidos al carro del actual gobierno o vinculados a sectores de la i$quierda de salón (municipal). Ante esto es preciso estar atentos, tener una postura clara y promover que los metodos asamblearios, horizontales y autónomos se respeten y difundan.

P&A


Introducción -- La intención de este texto es dar una perspectiva
internacional de cara al movimiento libertario, repasando los dilemas
planteados en el Estado español y en vistas a la repercusión
internacional. No queremos referimos sólamente a la campaña concreta y
a sus consignas, que de hecho ya ha anunciado una convocatoria a nivel
mundial para el 15 de Octubre, sino a la metodología, que podrá volver
a repetirse en campañas diferentes si llega a calar entre la gente
(nos guste o no). -- Para ello en vez de traducir textos ya hechos de

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15-O: Llamamiento a participar del Bloque Anarquista y Autónomo [Madrid]

Nos llega este comunicado sobre el 15.0 desde la región España. Consideramos que pese a los elementos y demandas propios de la realidad de dicha región, hay puntos de interés general para difundir ya que la convocatoria a este tipo de manifestaciones es muy amplia, llegando incluso a atraer a grupos y partidos de la izquierda autoritaria y otras formas de politiqueros, reformistas, ONGs, nacionalista$ y otros especímenes subidos al carro del actual gobierno o vinculados a sectores de la i$quierda de Salón Municipal. Ante esto es preciso estar atentos, tener una postura clara y promover que los metodos asamblearios, horizontales y autónomos se respeten y difundan.

P&A

Sobre el “izquierdismo” y los 90 años del crepúsculo sangriento de los Soviets bajo el bolchevismo en Kronstand

“La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el Comunismo” (Lenin, 1920)

Un año antes de la masacre de Kronstand donde el bolchevismo aplastó a la “oposición obrera”, marineros, soldados, anarquistas y otros disidentes con quienes lucharon y gracias a los que consiguieron la Revolución de 1917, pero que rechazaban los rasgos autoritarios que iba tomando el poder bolchevique. Demandaban que, efectivamente, todo el poder pasara a los Soviets como verdadera instancia para autogestionar un nuevo orden social.

 

 

 

 

 

“El izquierdismo, remedio a la enfermedad senil del Comunismo y la Socialdemocracia” ( Mayo de 1968)

Respuesta elocuente de las calles a las burocracias comunistas de los PCs, al leninismo que pretendía ser la vanguardia de las movilizaciones y a la socialdemocracia que asustada se aliaba con los partidos del poder para reponer el orden.

Más información: http://www.alasbarricadas.org/ateneovirtual/index.php/Rebeli%C3%B3n_de_Kronstadt 

El ocaso del miedo

 

Corto documental sobre las recientes movilizaciones en $hile. Felicitaciones a lxs compañerxs de Sin(A)psis por el trabajo.

SINAPSIS – la video revista.

El Ocaso del Miedo, un cortometraje documental que presenta una secuencia viva que retrata las calles de Santiago en el contexto de las movilizaciones estudiantiles por la educación gratuita, siendo un testimonio audiovisual del enfrentamiento entre los manifestantes y el fuerte estado policial.

El estilo del video se enmarca dentro del plano secuencia sin comentario, invisibilizando el montaje y permitiendo al expectador ser parte de un viaje por las calles que fueron escenario de la protesta social.

El cortometraje es dedicado a Manuel Gutiérrez, quien fue asesinado por la policia en la madrugada del 26 de Agosto, según el testimonio de quienes le acompañaban.

“Inmigrantes y anarquistas”: Howard Zinn sobre el caso Sacco y Vanzetti

“hablar de Sacco y Vanzetti inevitablemente remueve asuntos que nos perturban hoy: nuestro sistema de justicia, la relación entre la guerra y las libertades civiles, y lo más preocupante de todo: las ideas del anarquismo: la obliteración de las fronteras nacionales y como tal de la guerra, la eliminación de la pobreza y la creación de una democracia plena”
Sacco y Vanzetti
 

Cincuenta años después de la ejecución de los inmigrantes italianos Sacco y Vanzetti, el gobernador Dukakis de Massachusetts instauró un panel para juzgar la justicia de dicho proceso, y la conclusión fue que a ninguno de estos dos hombres se les siguió un proceso justo. Esto levantó en Boston una tormenta menor. John M. Cabot, embajador estadunidense retirado, envió una carta donde declaraba su “gran indignación” y apuntaba que la sentencia de muerte fue ratificada por el gobernador Fuller luego que “tres de los más distinguidos y respetados ciudadanos hicieran una revisión especial del caso: el presidente Lowell, de Harvard; el presidente Stratton, del MIT, y el juez retirado Grant”.

Esos tres “distinguidos y respetados ciudadanos” fueron vistos de modo muy distinto por Heywood Broun, quien en su columna de New York World escribió inmediatamente después que los invitados distinguidos del gobernador rindieran su informe. Y decía: “No cualquier prisionero tiene a un presidente de Harvard University que le prenda el interruptor de corriente… si esto es un linchamiento, por lo menos el vendedor de pescado y su amigo el obrero podrán sentirse ungidos en el alma pues morirán a manos de hombres con trajes de etiqueta y togas académicas”. Heywood Broun, uno de los más distinguidos periodistas del siglo XX, no duró mucho como columnista de New York World.

En el 50 aniversario de la ejecución, el New York Times informó que “los planes del alcalde Beame de proclamar el martes siguiente como el ‘día de Sacco y Vanzetti’ fueron cancelados en un esfuerzo por evitar controversias, dijo un vocero de la municipalidad ayer”.

Debe haber buenas razones para que un caso de 50 años de antigüedad, hoy ya de 80 años, levante tantas emociones. Sugiero que esto ocurre porque hablar de Sacco y Vanzetti inevitablemente remueve asuntos que nos perturban hoy: nuestro sistema de justicia, la relación entre la guerra y las libertades civiles, y lo más preocupante de todo: las ideas del anarquismo: la obliteración de las fronteras nacionales y como tal de la guerra, la eliminación de la pobreza y la creación de una democracia plena.

El caso de Sacco y Vanzetti revela, en los más descarnados términos, que las nobles palabras inscritas en los frontispicios de nuestras cortes “igualdad de justicia ante la ley”, siempre han sido una mentira. Esos dos hombres, el vendedor de pescado y el zapatero, no lograron obtener justicia en el sistema estadunidense, porque la justicia no se imparte igual para el pobre que para el rico, para el oriundo que para el nacido en otros países, para el ortodoxo que para el radical, para el blanco o la persona de color. Y aunque la injusticia se juegue hoy de maneras más sutiles y de modos más intrincados que en las crudas circunstancias que rodearon el caso de Sacco y Vanzetti, su esencia permanece.

En su proceso la inequidad fue flagrante. Se les acusaba de robo y asesinato, pero en la cabeza y en la conducta del fiscal acusador, del juez y del jurado, lo importante de ambos era, como lo puso Upton Sinclair en su notable novela Boston, que eran wops, bachiches (es decir “italos mugrosos”), extranjeros, trabajadores pobres, radicales.

He aquí una muestra del interrogatorio policiaco.

Policía: ¿Eres ciudadano?

Sacco: No.

Policía: ¿Eres comunista?

Sacco: No.

Policía ¿Anarquista?

Sacco: No.

Policía ¿Crees en el gobierno de nosotros?

Sacco: Sí. Algunas cuestiones me gustan de modo diferente.

¿Qué tenían que ver estas cuestiones con el robo de una fábrica de zapatos en South Braintree, Massachusetts, y con los disparos que recibieron el pagador de la fábrica y un guardia?

Sacco mentía, por supuesto. No, no soy comunista. No, no soy anarquista. ¿Por qué le mintió a la policía? ¿Por qué habría de mentirle un judío a la Gestapo? ¿Por qué habría de mentir un negro en Sudáfrica a sus interrogadores? ¿Por qué necesitaba mentir un disidente en la Unión Soviética a la policía secreta? Porque saben que no existe la justicia para ellos.

¿Alguna vez ha habido justicia en el sistema estadunidense para los pobres, las personas de color, los radicales? Cuando los ocho anarquistas de Chicago fueron sentenciados a muerte en 1886 tras el motín de Haymarket (un motín policiaco, por cierto), no fue porque existiera alguna prueba de conexión entre ellos y la bomba que alguien arrojó en medio de la policía, no había ni un jirón de evidencia. Los condenaron por ser los líderes del movimiento anarquista de Chicago.

Cuando Eugene Debs y otros mil fueron enviados a prisión durante la Primera Guerra Mundial, de acuerdo con la Ley de Espionaje, ¿fue porque eran culpables de espionaje? Eso es muy dudoso. Eran socialistas que hablaban en voz alta contra la guerra. Cuando se emitió la sentencia de diez años para Debs, el magistrado de la Suprema Corte, Oliver Wendell Holmes, quiso dejar muy claro que Debs debía ir a prisión: Y citó un discurso de Debs: “La clase de los patrones siempre ha declarado las guerras, y la clase sometida siempre ha peleado en las batallas”.

Holmes, muy admirado como uno de los grandes juristas liberales, dejó claro los límites del liberalismo, las fronteras que le fijaba el nacionalismo vindicativo. Después de agotadas todas las apelaciones de Sacco y Vanzetti, el caso llegó ante el propio Holmes, en la Suprema Corte, quien se rehusó a revisar el caso, y dejó que el veredicto quedara en pie.

En nuestro tiempo, Ethel y Julius Rosenberg fueron enviados a la silla eléctrica. ¿Fue porque eran culpables, más allá de cualquier duda razonable, de pasarle secretos atómicos a la Unión Soviética? ¿O fue porque eran comunistas, como dejó claro el fiscal con la aprobación del juez? ¿No fue también porque el país estaba en medio de una histeria anticomunista, cuando los comunistas tomaban el poder en China, había guerra en Corea, y el peso de todo eso había que imputárselo a dos comunistas estadunidenses?

¿Por qué fue sentenciado en California a diez años de prisión George Jackson, por un robo de 70 dólares, y luego fue asesinado a tiros por los guardias? ¿No fue porque era pobre, negro y radical?

¿Puede hoy un musulmán, en la atmósfera de “guerra contra el terror” confiar en una justicia equitativa ante la ley? ¿Por qué sacó la policía de su carro a mi vecino del piso de arriba, si no había violado ningún reglamento de tránsito y luego fue cuestionado y humillado? ¿Acaso fue porque es un brasileño de piel morena que podría parecer un musulmán de Medio Oriente?

¿Por qué los dos millones de personas en las cárceles y prisiones estadunidenses, y los seis millones que están bajo fianza, vigilancia o libertad condicional son fuera de toda proporción gente de color o pobres? Un estudio muestra que 70 por ciento de la gente que está recluida en las prisiones de Nueva York proviene de siete barrios de la ciudad conocidos como zonas de pobreza y desesperación.

La injusticia de clase corta transversalmente todas las décadas, todos los siglos de nuestra historia. En medio del caso de Sacco y Vanzetti, en el poblado de Milton, Massachusetts, un hombre rico le disparó a otro que recogía leña en su propiedad y lo mató. Pasó ocho días en la cárcel, luego se le dejó salir con fianza, y no fue procesado. Una ley para los ricos, una ley para los pobres; esa es una característica persistente de nuestro sistema de justicia.

Pero ser pobres no fue el crimen principal de Sacco y Vanzetti. Eran italianos, inmigrantes, anarquistas. No habían pasado siquiera dos años desde el fin de la Primera Guerra Mundial. Habían protestado contra la guerra, se habían negado al reclutamiento. Vieron cómo crecía la histeria contra los radicales y los extranjeros, observaron las redadas que emprendían los agentes del procurador general Palmer, del Departamento de Justicia, que irrumpían en mitad de la noche a los hogares sin órdenes judiciales, mantenían a las personas incomunicada y las golpeaban con garrotes y cachiporras.

En Boston 500 fueron arrestados, los encadenaron y marcharon con ellos por las calles. Luigi Galleani, editor del periódico anarquista Cronaca Sovversiva, al cual estaban suscritos Sacco y Vanzetti, fue detenido y deportado de inmediato.

Había ocurrido algo más aterrador. Un compañero de Sacco y Vanzetti, también anarquista, un tipógrafo llamado Andrea Salsedo, que vivía en Nueva York, fue secuestrado por agentes de la FBI (uso el término “secuestrado” para describir la abducción ilegal de una persona), y se le mantuvo en las oficinas del piso 14 del Park Row Building. No se le permitió hablar con su familia, ni con sus amigos o abogados, y fue interrogado y golpeado, según otro prisionero. Durante la octava semana de su encierro, el 3 de mayo de 1920, el cuerpo de Salsedo, aplastado y desfigurado hasta quedar hecho un amasijo, fue encontrado sobre el pavimento cercano al Park Row Building, y la FBI anunció que Salsedo se había suicidado brincando de la ventana del piso 14, justo del cuarto donde lo tenían retenido. Esto ocurrió tan sólo dos días antes de que Sacco y Vanzetti fueran arrestados.

Hoy sabemos, como resultado de los informes del Congreso en 1975, de un programa de contrainteligencia de la FBI conocido como Cointelpro (Counter Intelligence Program) en el cual los agentes de dicha dependencia irrumpían en casas y oficinas, implantaban micrófonos ilegalmente, se involucraban en actos de violencia hasta el punto del asesinato y en 1969 colaboraron con la policía de Chicago en el asesinato de dos líderes de los Panteras Negras. La FBI y la CIA han violado la ley una y otra vez. No hay castigo para ellos.

Hay muy pocas razones que nos hagan tener fe en que las libertades civiles en Estados Unidos puedan protegerse en la atmósfera de histeria que siguió al 11 de septiembre de 2001 y que continúa hasta el día de hoy. En el país ha habido redadas de inmigrantes, detenciones indefinidas, deportaciones y espionaje doméstico no autorizado. En el extranjero se cometen matanzas extrajudiciales, tortura, bombardeos, guerra y ocupaciones militares.

Así también, el proceso contra Sacco y Vanzetti comenzó inmediatamente después del Memorial Day, año y medio después de que terminara la orgía de muerte y patriotismo que fue la Primera Guerra Mundial, mientras los periódicos seguían vibrando con el redoble de los tambores y la retórica jingoísta.

Doce días después de comenzado el juicio, la prensa informó que los cuerpos de tres soldados habían sido transferidos de los campos de batalla en Francia a la ciudad de Brockton, y que toda la población había salido a celebrar una ceremonia patriótica. Todo esto se hallaba en los periódicos que el jurado podía leer.

Sacco fue interrogado por el fiscal Katzmann:

Pregunta: ¿Amó usted a este país durante la última semana de mayo de 1917?

Sacco: Eso es muy difícil de expresar en una sola palabra, señor Katzmann.

Pregunta: Son dos las palabras que puede usted usar, señor Sacco, sí o no. ¿Cuál es la palabra?

Sacco: Sí.

Pregunta: Y para poder mostrarle su amor a este país, Estados Unidos de América, cuando estaba a punto de llamarlo para que se hiciera usted soldado, ¿se fue usted corriendo a México?

Al principio del juicio, el juez Thayer (que hablando con un conocido con el que jugaba al golf se refirió a los acusados como “esos anarquistas mal nacidos”) dijo al jurado: “Los conmino a que brinden este servicio, al que se les ha llamado a que presten aquí, con el mismo espíritu de patriotismo, coraje y devoción al deber como el que exhibieron nuestros muchachos, nuestros soldados, del otro lado de los mares”.

Las emociones evocadas por una bomba que estalló en la casa del procurador general Palmer durante el tiempo de la guerra –al igual que las emociones desatadas por la violencia del 11 de septiembre– crearon una atmósfera de ansiedad en la cual las libertades civiles se pusieron en entredicho.

Sacco y Vanzetti entendieron que cualquier argumento legal que sus abogados pudieran haber invocado no prevalecería contra la realidad de una injusticia de clase. Sacco dijo a la corte, al escuchar la sentencia: “Sé que la sentencia será entre dos clases, la de los oprimidos y la de los ricos… Es por eso que estoy aquí ahora, en el banquillo de los acusados, por pertenecer a la clase de los oprimidos”.

Tal punto de vista parece dogmático, simplista. No todas las decisiones en las cortes pueden explicarse así. Pero, a falta de una teoría que encaje en todos los casos, el punto de vista simple, fuerte de Sacco, es con seguridad una mejor guía para entender el sistema legal que aquel que asume que hay una competencia entre iguales basada en una búsqueda objetiva por averiguar la verdad.

Vanzetti sabía que los argumentos legales no los salvarían. A menos que un millón de estadunidenses se organizaran, él y su amigo Sacco morirían. Palabras no, lucha. Apelaciones no, exigencias. Peticiones al gobernador no, toma de fábricas. No se trataba de lubricar la maquinaria de un supuesto sistema legal justo para que funcionara mejor, sino de una huelga general que detuviera la maquinaria.

Tal cosa nunca ocurrió. Miles se manifestaron, marcharon, protestaron, no sólo en Nueva York, Boston, Chicago y San Francisco; también en Londres, París, Buenos Aires y Sudáfrica. No fue suficiente. La noche de su ejecución, miles se manifestaron en Charlestown, pero un enorme contingente de policías los mantuvo alejados de la prisión. Fueron arrestados muchos manifestantes. Las ametralladoras estaban emplazadas en las azoteas y los reflectores barrían el escenario.

Una gran multitud se juntó en Union Square el 23 de agosto de 1927. Unos minutos antes de la medianoche, las luces de la prisión se atenuaron en el momento en que los dos hombres fueron electrocutados. El New York World describió la escena: “La multitud respondió con un sollozo gigante. Las mujeres se desmayaron en 15 o 20 lugares. Otras, sobrecogidas, se tumbaron en las banquetas y hundieron la cabeza entre los brazos. Los hombres se apoyaban en los hombros de otros hombres y lloraban”.

Su crimen máximo era su anarquismo, una idea que aún hoy nos desconcierta como un relámpago debido a su verdad esencial: todos somos uno, las fronteras nacionales, los odios nacionales deben desaparecer, la guerra es intolerable, los frutos de la tierra deben compartirse, y mediante la lucha organizada contra la autoridad, puede advenir un mundo así.

Lo que nos llega a hoy del caso de Sacco y Vanzetti no es sólo la tragedia, también nos llega la inspiración. Su inglés no era perfecto, pero cuando hablaban se volvía una especie de poesía. Vanzetti dijo de su amigo: “Sacco es un corazón, una fe, un carácter, un hombre; un hombre que ama la naturaleza y a la humanidad. Un hombre que lo dio todo, que lo sacrifica todo a la causa de la libertad y a su amor a la humanidad: el dinero, el descanso, la ambición mundana, su propia esposa, sus niños, él mismo y su propia vida… Ah, sí, puede que sea yo más ingenioso y más parlanchín que él, pero muchas, muchas veces, al escuchar cómo resuena en su voz valerosa una fe sublime, al considerar su sacrificio supremo, al recordar su heroísmo, me he sentido pequeño, pequeño en presencia de su grandeza, y me he sentido empujado a no dejar que me invadan las lágrimas, a dominar el corazón que se me agolpa en la garganta para no llorar ante él; ante este hombre al que se le llama capo , asesino y maldito”.

Lo peor de todo es que fueran anarquistas, lo que significaba que tenían alguna loca noción de democracia plena donde no existiría la extranjería ni la pobreza, y que pensaran que sin esas provocaciones la guerra entre las naciones terminaría para siempre. Pero para que esto ocurriera los ricos debían ser combatidos y sus riquezas confiscadas. Esa idea anarquista es un crimen mucho peor que robar una nómina y por eso hasta el día de hoy Sacco y Vanzetti no pueden ser recordados sin gran ansiedad.

Sacco escribió esto a su hijo Dante: “Así que, hijo, en vez de llorar, sé fuerte, de modo que seas capaz de consolar a tu madre… llévala a una larga caminata por el campo en silencio, junten flores silvestres aquí y allá, descansen a la sombra de los árboles… pero recuerda siempre, Dante, en este juego de la felicidad no te sirvas a ti mismo únicamente… ayuda a los perseguidos y a las víctimas, porque son ellos tus mejores amigos… en esta lucha de vida hallarás más amor y serás amado”.

Sí, fue su anarquismo, su amor por la humanidad, lo que los condenó. Cuando Vanzetti fue arrestado, tenía en el bolsillo un volante que anunciaba una reunión que debía ocurrir cinco días más tarde. Es un volante que podría distribuirse hoy, en todo el mundo, de modo tan apropiado como el día de su arresto. Decía: “Han combatido en todas las guerras. Han trabajado para todos los capitalistas. Han recorrido todos los países. ¿Han cosechado los frutos de sus fatigas, el premio de sus victorias? ¿Acaso el pasado les da consuelo? ¿El presente les sonríe? ¿El futuro les promete cualquier cosa? ¿Han encontrado un pedazo de tierra donde puedan vivir como seres humanos y morir como seres humanos?

Sobre esas cuestiones, sobre estos argumentos de la lucha por la existencia, Bartolomeo Vanzetti hablará en esa reunión”.

Ese encuentro nunca tuvo lugar. Pero su espíritu existe hoy en la gente que cree y que ama y que lucha en todo el mundo.

Traducción: Ramón Vera Herrera

*Tomado del nuevo libro de Howard Zinn: A Power Governments Cannot Suppress, City Lights Books, San Francisco, 2007. Este libro será publicado en fecha próxima por La Jornada .

Población y organizaciones indígenas de Loreto contra el Proyecto Corina

Hoy, en el día de los Pueblos Originarios, se realizará en Iquitos una movilización de organizaciones indígenas y población en general contra el proyecto Corina (trasvase de aguas del río Marañón y represamiento del Huallaga).

Los megaproyectos (represas, hidroelectricas, hidrovías, ferrovías, carreteras, etc), requeridos para cubrir las necesidades de energía y materia prima barata de la acumulación del Capital en esta región del planeta, planificados para la Amazonía en los próximos años  pretenden AVANZAR por encima de los ecosistemas y los pueblos.

No al faenón y desastre aprista del “CORINA”

 

AIDESEP, 04 de agosto de 2011. El CDN de la AIDESEP y sus organizaciones regionales y federativas, rechazaron la aprobación del Proyecto de Ley 29760 “Que declara de necesidad pública e interés nacional la ejecución del proyecto de trasvase del río Marañón, el represamiento y la derivación del río Huallaga para fines energéticos y agrícolas”, y cuyo objetivo es promover la violación de nuestros territorios ancestrales, tirar al tacho de basura el proceso de la Consulta Previa y continuar agrediendo a los pueblos indígenas.

La organización indígena sostiene que desarrollar un proyecto de la envergadura que están planteando ocasionaría UN GIGANTESCO DESASTRE, con impactos sociales, culturales, ambientales, irreversibles e impredecibles poniendo en riesgo todo el ecosistema amazónico, como lo menciona el informe técnico de setiembre del 2010 del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana – IIAP.

Este trasvase ocasionaría la disminución del caudal de los ríos y la fragmentación de los  ecosistemas de los recursos hídricos e hidrobiológico, alterando el comportamiento y ciclo de vida y reproducción de la flora y fauna acuática y, por consiguiente, todos los seres bióticos y abióticos que forman parte del ecosistema amazónico.

Este Megaproyecto con la lógica de que las  aguas se “pierden” en el río amazonas pretende represar el Huallaga y trasvasar el rio Marañón hacia el rio Santa (ANCHAS) con los supuestos excedentes de agua, lo cual no es cierto, ya que el río Marañón y el Huallaga son los principales abastecedores de agua del río más caudaloso del mundo, el Amazonas y el cual durante el presente año 2011, ha llegado a tener el nivel más bajo en toda su historia.

Leer comunicado completo.

Hacker procesado por descargar artículos científicos

Un “hacker” es acusado de descargar millones de artículos. Su caso reaviva el debate sobre los ciberactivistas
La desobediencia civil alcanza a la publicación de estudios científicos

 

Aaron Swartz, en primer plano, durante una reunión de la organización Creative Commons . Fred Benenson / CC BY 2.0
Aaron Swartz, en primer plano, durante una reunión de la organización Creative Commons . Fred Benenson / CC BY 2.0

En la tarde del 6 de enero de este año, miembros del Servicio Secreto de Estados Unidos, agentes de la Policía Local de Boston y efectivos de la seguridad del Instituto Tecnológico de Massachusetts (el prestigioso MIT) persiguieron a un joven que huía por el campus universitario a lomos de una bicicleta hasta que fue detenido. ¿El delito del joven? Acceder a la red del MIT con un ordenador para descargar 4,8 millones de artículos científicos. No es el argumento de una película, el Gobierno de EEUU pide 35 años de cárcel para este activista de la llamada libre información.

Aaron Swartz , de 24 años, compró el septiembre pasado un portátil para, según consta en el auto por el que un juez de Boston lo acusó hace unos días de un delito informático, conectarse a la red del MIT y, desde ahí, acceder a la base de datos de publicaciones académicas JSTOR (del inglés Journal Storage). Esta organización es una nueva Biblioteca de Alejandría de la ciencia. Desde 1995 ha digitalizado las ediciones de 1.400 revistas científicas y tiene a 7.000 instituciones de 153 países entre sus clientes. La mayoría son universidades que pagan una cantidad que puede llegar hasta los 35.000 euros al año para poder acceder a sus archivos.

Aaron Swartz, de 24 años, descargó 4,8 millones de artículos

Swartz descargó el 98% de toda esa información. Cada día llegaba al campus del MIT, que ofrece una cuenta de acceso limitado a su red a los visitantes, y accedía a la base de datos de JSTOR. Diseñó un programa que automatizaba la descarga de todos los archivos que encontraba en formato PDF. Los responsables del sistema, al detectar una descarga tan masiva (en dos meses Swartz se bajó cien veces más de lo que descarga toda la red del MIT de JSTOR) bloquearon la dirección IP (que identifica a un ordenador en la red) que usaba. Pero cada vez que lo hacían, el activista cambiaba de dirección.

La investigación del casoTras semanas de jugar al ratón y al gato, JSTOR decidió bloquear todos los accesos que vinieran del MIT, lo que obligó a la universidad a investigar en serio el asunto. Su seguridad descubrió un ordenador conectado a su red escondido en una caja de cartón oculta en un armario de uno de los edificios universitarios.

La Fiscalía pide para el activista 35 años de cárcel y 700.000 euros

El 4 de enero, los investigadores tomaron huellas del equipo y colocaron una cámara para saber quién era el intruso. Dos días después se producía la detención de Swartz.

Ahora, la Fiscalía de EEUU acusa a Swartz de una intrusión informática en redes del MIT y JSTOR, daño a sus servidores y de llevarse 4,8 millones de artículos, de los que 2,7 millones eran de editoriales independientes que los ponían a la venta en la plataforma de JSTOR. Según el escrito, la intención de Swartz era distribuir el material en “una o más páginas de intercambio de archivos”. Piden para él 35 años de cárcel y una multa de un millón de dólares (unos 700.000 euros).

La noticia de la acusación formal ha provocado la reacción de los activistas de EEUU que defienden el libre flujo de la información. Primero porque, por sus antecedentes, Swartz no parece que buscara beneficiarse económicamente. Este joven pertenece a esa clase de genios digitales que usan la tecnología para el activismo y la difusión del conocimiento. Con 14 años, participó en el diseño del RSS, un mecanismo para recibir avisos de que una página ha sido actualizada.

“Su carrera se ha centrado en servir al interés público”, dicen sus defensores

Si se buscan fotografías de él en Google, hay una en la que, siendo niño, aparece vestido con una camiseta con la leyenda Creative Commons, la organización que creó un sistema alternativo a las restricciones del modelo actual del copyright. A su lado posa Lawrence Lessig, el cofundador de Creative Commons.

“La carrera de Aaron se ha centrado en servir al interés público promoviendo la ética, el Gobierno abierto y la política democrática”, dice David Segal, director de Demand Progress , una organización con 500.000 miembros que Swartz creó y dirigió años atrás.

En el haber de Swartz también está su participación en la creación de la web de noticias Reddit (de la que meneame.net es su versión española). En 2008 publicó un estudio, junto a Shireen Barday, analizando quién financiaba determinados estudios científicos. Una de las conclusiones revelaba que los autores de investigaciones tienden a defender los postulados de los que han pagado sus trabajos.

Las editoriales escanean colecciones y consiguen el copyright

Robo de conocimientoCon ese pedigrí, Swartz no da la imagen de un delincuente informático sino de un ciberactivista. Como tal, hace tres años participó en la creación de un efímero movimiento llamado Guerrilla Open Access. Dos frases ilustran su misión. “No hay justicia al respetar leyes injustas. Es hora de salir a la luz y, en la gran tradición de la desobediencia civil, declaramos nuestra oposición a este robo privado de la cultura pública”. En un segundo párrafo ya se adivinan las motivaciones de Swartz en este caso: “Tenemos que hacernos con la información, esté donde esté almacenada, hacer nuestras copias y compartirlas con el mundo”.

Sin embargo, para la fiscal de Massachusetts, Carmen Ortiz, “robar es robar, ya sea con un comando de ordenador o con una palanca, ya se trate de documentos, datos o dólares”, asegura en un comunicado. “Es igualmente perjudicial para la víctima tanto si se vende todo lo que se ha robado como si lo regalan “, añade. Se da la circunstancia de que ni JSTOR ni el MIT querían denunciar. “Ha sido decisión del Gobierno el enjuiciarle, no de JSTOR”, asegura en un comunicado esta organización tras la polémica levantada.

Ni JSTOR ni el MIT querían denunciar a Swartz por la descarga

“Le quieren meter en la cárcel por culpa de un copyright que se ha quedado viejo”, explica a Público el profesor del departamento de Economía de la Universidad de Washington en Saint Louis, Michele Boldrin. Para el coautor del libro Against Intellectual Monopoly , “a la ciencia le está pasando lo mismo que ya vivieron la música o el cine: la tecnología es tal que sería posible hacer accesible el conocimiento a un coste muy bajo, incluso ganando dinero, pero con el actual sistema de copyright esto es imposible”.

Boldrin publica investigaciones y también consulta otras. “Pero yo ya no voy a la biblioteca, lo busco en internet”, comenta. Señala al actual sistema de propiedad intelectual como el principal freno a la digitalización de revistas. Pero, además, las editoriales poderosas escanean colecciones históricas, ya en el dominio público, consiguiendo así el copyright para ellas.

Publicar los artículosEse efecto perverso es el que quiso denunciar el matemático Greg Maxwell. Nada más saber de la acusación contra Aaron Swartz, este también estadounidense cogió su colección de 18.000 artículos de la revista Philosophical Trans-actions of the Royal Society y los publicó en la página de enlaces The Pirate Bay . Hay textos de Isaac Newton o Charles Darwin. De hecho, todos son anteriores a 1923, por lo que hace años que estarían en el dominio público si no fuera porque JSTOR los digitalizó y cobra desde cinco euros por artículo.

Maxwell justifica su acción en solidaridad con Swartz: “La publicación académica es un sistema curioso. Los autores no cobran por sus escritos. Los revisores tampoco y, en algunos campos tampoco los editores de las revistas. Incluso, a veces, los autores tienen que pagar a la editorial. Y aún así las publicaciones científicas son una de las piezas más escandalosamente caras de literatura que uno puede comprar . En el pasado, las elevadas tarifas de acceso soportaban la reproducción mecánica de las revistas especializadas pero la distribución online ha hecho de esta función algo obsoleto”.

En uno de los comentarios de respuesta a Maxwell, un usuario de The Pirate Bay describe con una sola frase un sentimiento que comparten muchos de los conocedores del caso de Swartz: “No soy científico pero me los estoy descargando por principios “.

http://www.publico.es/ciencias/389573/la-desobediencia-civil-alcanza-a-la-publicacion-de-estudios-cientificos