COMUNICADO a raíz de la muerte de Thays en el penal de Chorrillos

Nos llega este comunicado elaborado por las presxs del penal de Chorrillos sobre el reciente suicidio de Thays Isasi como consecuencia de las terribles condiciones a las que fue sometida bajo un nuevo “régimen especial”, que estaba siendo “probado” bajo la dirección del progresista católico Pérez-Guadalupe y el resto de jerarcas carceleros del INPE. Nos piden no difundir los nombres de las firmantes, pues serán sometidas a represalias.

Nosotras internas del Penal Anexo de Mujeres – Chorrillos, más conocido como “Máxima”, hacemos conocer que el día domingo 14 ha muerto THAYS IZACI a la causa de la imposición de un régimen  penitenciario inhumano de tortura y muerte.

Ya en el 2008 cuando se aplicó el Régimen Cerrado Especial, llevó a que varias personas y extranjeras intentaran suicidarse por ser éste un régimen insoportable, torturante que sólo genera sufrimiento y desesperación, por eso al cabo de unos meses suspendieron su aplicación.

Hoy, antes de una semana de nueva aplicación, este siniestro régimen ha cobrado su primera víctima y tiene responsables:

-La política penitenciaria del gobierno

-El presidente del INPE, José Luis Pérez Guadalupe, quien el lunes 8 anunció en orgullo su maquiavélica obra: “ el reordenamiento de la población penitenciaria femenina “atendiendo a un criterio de género”

-También es responsable la Directora María del Pilar Urquiaya Salazar, pues ya el viernes supo de un intento de suicidio de Thays y lo único que hizo fue castigarla encerrándola más, lo que lamentablemente no pudo soportar.

Nos preguntamos entonces: ¿Criterio de género es torturar a mujeres?

¡No somos condenadas a muerte!

¡La prisión debe rehabilitar, no asesinar!

¡No al régimen cerrado especial!

¡Que no se aplique para nadie!

¡Que se derogue inmediatamente!

¡Demandemos una investigación fiscal para establecer responsabilidades!

THAYS ¡PRESENTE CON NOSOTRAS!

Chorrillos, 14 de Octubre 2012

Más información: http://peru21.pe/actualidad/reportan-intento-suicidio-penal-mujeres-chorrillos-2046561  

http://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/sucesos/una-castellonense-de-19-anos-en-carcel-de-lima-por-narcotrafico_516887.html

“Inmigrantes y anarquistas”: Howard Zinn sobre el caso Sacco y Vanzetti

“hablar de Sacco y Vanzetti inevitablemente remueve asuntos que nos perturban hoy: nuestro sistema de justicia, la relación entre la guerra y las libertades civiles, y lo más preocupante de todo: las ideas del anarquismo: la obliteración de las fronteras nacionales y como tal de la guerra, la eliminación de la pobreza y la creación de una democracia plena”
Sacco y Vanzetti
 

Cincuenta años después de la ejecución de los inmigrantes italianos Sacco y Vanzetti, el gobernador Dukakis de Massachusetts instauró un panel para juzgar la justicia de dicho proceso, y la conclusión fue que a ninguno de estos dos hombres se les siguió un proceso justo. Esto levantó en Boston una tormenta menor. John M. Cabot, embajador estadunidense retirado, envió una carta donde declaraba su “gran indignación” y apuntaba que la sentencia de muerte fue ratificada por el gobernador Fuller luego que “tres de los más distinguidos y respetados ciudadanos hicieran una revisión especial del caso: el presidente Lowell, de Harvard; el presidente Stratton, del MIT, y el juez retirado Grant”.

Esos tres “distinguidos y respetados ciudadanos” fueron vistos de modo muy distinto por Heywood Broun, quien en su columna de New York World escribió inmediatamente después que los invitados distinguidos del gobernador rindieran su informe. Y decía: “No cualquier prisionero tiene a un presidente de Harvard University que le prenda el interruptor de corriente… si esto es un linchamiento, por lo menos el vendedor de pescado y su amigo el obrero podrán sentirse ungidos en el alma pues morirán a manos de hombres con trajes de etiqueta y togas académicas”. Heywood Broun, uno de los más distinguidos periodistas del siglo XX, no duró mucho como columnista de New York World.

En el 50 aniversario de la ejecución, el New York Times informó que “los planes del alcalde Beame de proclamar el martes siguiente como el ‘día de Sacco y Vanzetti’ fueron cancelados en un esfuerzo por evitar controversias, dijo un vocero de la municipalidad ayer”.

Debe haber buenas razones para que un caso de 50 años de antigüedad, hoy ya de 80 años, levante tantas emociones. Sugiero que esto ocurre porque hablar de Sacco y Vanzetti inevitablemente remueve asuntos que nos perturban hoy: nuestro sistema de justicia, la relación entre la guerra y las libertades civiles, y lo más preocupante de todo: las ideas del anarquismo: la obliteración de las fronteras nacionales y como tal de la guerra, la eliminación de la pobreza y la creación de una democracia plena.

El caso de Sacco y Vanzetti revela, en los más descarnados términos, que las nobles palabras inscritas en los frontispicios de nuestras cortes “igualdad de justicia ante la ley”, siempre han sido una mentira. Esos dos hombres, el vendedor de pescado y el zapatero, no lograron obtener justicia en el sistema estadunidense, porque la justicia no se imparte igual para el pobre que para el rico, para el oriundo que para el nacido en otros países, para el ortodoxo que para el radical, para el blanco o la persona de color. Y aunque la injusticia se juegue hoy de maneras más sutiles y de modos más intrincados que en las crudas circunstancias que rodearon el caso de Sacco y Vanzetti, su esencia permanece.

En su proceso la inequidad fue flagrante. Se les acusaba de robo y asesinato, pero en la cabeza y en la conducta del fiscal acusador, del juez y del jurado, lo importante de ambos era, como lo puso Upton Sinclair en su notable novela Boston, que eran wops, bachiches (es decir “italos mugrosos”), extranjeros, trabajadores pobres, radicales.

He aquí una muestra del interrogatorio policiaco.

Policía: ¿Eres ciudadano?

Sacco: No.

Policía: ¿Eres comunista?

Sacco: No.

Policía ¿Anarquista?

Sacco: No.

Policía ¿Crees en el gobierno de nosotros?

Sacco: Sí. Algunas cuestiones me gustan de modo diferente.

¿Qué tenían que ver estas cuestiones con el robo de una fábrica de zapatos en South Braintree, Massachusetts, y con los disparos que recibieron el pagador de la fábrica y un guardia?

Sacco mentía, por supuesto. No, no soy comunista. No, no soy anarquista. ¿Por qué le mintió a la policía? ¿Por qué habría de mentirle un judío a la Gestapo? ¿Por qué habría de mentir un negro en Sudáfrica a sus interrogadores? ¿Por qué necesitaba mentir un disidente en la Unión Soviética a la policía secreta? Porque saben que no existe la justicia para ellos.

¿Alguna vez ha habido justicia en el sistema estadunidense para los pobres, las personas de color, los radicales? Cuando los ocho anarquistas de Chicago fueron sentenciados a muerte en 1886 tras el motín de Haymarket (un motín policiaco, por cierto), no fue porque existiera alguna prueba de conexión entre ellos y la bomba que alguien arrojó en medio de la policía, no había ni un jirón de evidencia. Los condenaron por ser los líderes del movimiento anarquista de Chicago.

Cuando Eugene Debs y otros mil fueron enviados a prisión durante la Primera Guerra Mundial, de acuerdo con la Ley de Espionaje, ¿fue porque eran culpables de espionaje? Eso es muy dudoso. Eran socialistas que hablaban en voz alta contra la guerra. Cuando se emitió la sentencia de diez años para Debs, el magistrado de la Suprema Corte, Oliver Wendell Holmes, quiso dejar muy claro que Debs debía ir a prisión: Y citó un discurso de Debs: “La clase de los patrones siempre ha declarado las guerras, y la clase sometida siempre ha peleado en las batallas”.

Holmes, muy admirado como uno de los grandes juristas liberales, dejó claro los límites del liberalismo, las fronteras que le fijaba el nacionalismo vindicativo. Después de agotadas todas las apelaciones de Sacco y Vanzetti, el caso llegó ante el propio Holmes, en la Suprema Corte, quien se rehusó a revisar el caso, y dejó que el veredicto quedara en pie.

En nuestro tiempo, Ethel y Julius Rosenberg fueron enviados a la silla eléctrica. ¿Fue porque eran culpables, más allá de cualquier duda razonable, de pasarle secretos atómicos a la Unión Soviética? ¿O fue porque eran comunistas, como dejó claro el fiscal con la aprobación del juez? ¿No fue también porque el país estaba en medio de una histeria anticomunista, cuando los comunistas tomaban el poder en China, había guerra en Corea, y el peso de todo eso había que imputárselo a dos comunistas estadunidenses?

¿Por qué fue sentenciado en California a diez años de prisión George Jackson, por un robo de 70 dólares, y luego fue asesinado a tiros por los guardias? ¿No fue porque era pobre, negro y radical?

¿Puede hoy un musulmán, en la atmósfera de “guerra contra el terror” confiar en una justicia equitativa ante la ley? ¿Por qué sacó la policía de su carro a mi vecino del piso de arriba, si no había violado ningún reglamento de tránsito y luego fue cuestionado y humillado? ¿Acaso fue porque es un brasileño de piel morena que podría parecer un musulmán de Medio Oriente?

¿Por qué los dos millones de personas en las cárceles y prisiones estadunidenses, y los seis millones que están bajo fianza, vigilancia o libertad condicional son fuera de toda proporción gente de color o pobres? Un estudio muestra que 70 por ciento de la gente que está recluida en las prisiones de Nueva York proviene de siete barrios de la ciudad conocidos como zonas de pobreza y desesperación.

La injusticia de clase corta transversalmente todas las décadas, todos los siglos de nuestra historia. En medio del caso de Sacco y Vanzetti, en el poblado de Milton, Massachusetts, un hombre rico le disparó a otro que recogía leña en su propiedad y lo mató. Pasó ocho días en la cárcel, luego se le dejó salir con fianza, y no fue procesado. Una ley para los ricos, una ley para los pobres; esa es una característica persistente de nuestro sistema de justicia.

Pero ser pobres no fue el crimen principal de Sacco y Vanzetti. Eran italianos, inmigrantes, anarquistas. No habían pasado siquiera dos años desde el fin de la Primera Guerra Mundial. Habían protestado contra la guerra, se habían negado al reclutamiento. Vieron cómo crecía la histeria contra los radicales y los extranjeros, observaron las redadas que emprendían los agentes del procurador general Palmer, del Departamento de Justicia, que irrumpían en mitad de la noche a los hogares sin órdenes judiciales, mantenían a las personas incomunicada y las golpeaban con garrotes y cachiporras.

En Boston 500 fueron arrestados, los encadenaron y marcharon con ellos por las calles. Luigi Galleani, editor del periódico anarquista Cronaca Sovversiva, al cual estaban suscritos Sacco y Vanzetti, fue detenido y deportado de inmediato.

Había ocurrido algo más aterrador. Un compañero de Sacco y Vanzetti, también anarquista, un tipógrafo llamado Andrea Salsedo, que vivía en Nueva York, fue secuestrado por agentes de la FBI (uso el término “secuestrado” para describir la abducción ilegal de una persona), y se le mantuvo en las oficinas del piso 14 del Park Row Building. No se le permitió hablar con su familia, ni con sus amigos o abogados, y fue interrogado y golpeado, según otro prisionero. Durante la octava semana de su encierro, el 3 de mayo de 1920, el cuerpo de Salsedo, aplastado y desfigurado hasta quedar hecho un amasijo, fue encontrado sobre el pavimento cercano al Park Row Building, y la FBI anunció que Salsedo se había suicidado brincando de la ventana del piso 14, justo del cuarto donde lo tenían retenido. Esto ocurrió tan sólo dos días antes de que Sacco y Vanzetti fueran arrestados.

Hoy sabemos, como resultado de los informes del Congreso en 1975, de un programa de contrainteligencia de la FBI conocido como Cointelpro (Counter Intelligence Program) en el cual los agentes de dicha dependencia irrumpían en casas y oficinas, implantaban micrófonos ilegalmente, se involucraban en actos de violencia hasta el punto del asesinato y en 1969 colaboraron con la policía de Chicago en el asesinato de dos líderes de los Panteras Negras. La FBI y la CIA han violado la ley una y otra vez. No hay castigo para ellos.

Hay muy pocas razones que nos hagan tener fe en que las libertades civiles en Estados Unidos puedan protegerse en la atmósfera de histeria que siguió al 11 de septiembre de 2001 y que continúa hasta el día de hoy. En el país ha habido redadas de inmigrantes, detenciones indefinidas, deportaciones y espionaje doméstico no autorizado. En el extranjero se cometen matanzas extrajudiciales, tortura, bombardeos, guerra y ocupaciones militares.

Así también, el proceso contra Sacco y Vanzetti comenzó inmediatamente después del Memorial Day, año y medio después de que terminara la orgía de muerte y patriotismo que fue la Primera Guerra Mundial, mientras los periódicos seguían vibrando con el redoble de los tambores y la retórica jingoísta.

Doce días después de comenzado el juicio, la prensa informó que los cuerpos de tres soldados habían sido transferidos de los campos de batalla en Francia a la ciudad de Brockton, y que toda la población había salido a celebrar una ceremonia patriótica. Todo esto se hallaba en los periódicos que el jurado podía leer.

Sacco fue interrogado por el fiscal Katzmann:

Pregunta: ¿Amó usted a este país durante la última semana de mayo de 1917?

Sacco: Eso es muy difícil de expresar en una sola palabra, señor Katzmann.

Pregunta: Son dos las palabras que puede usted usar, señor Sacco, sí o no. ¿Cuál es la palabra?

Sacco: Sí.

Pregunta: Y para poder mostrarle su amor a este país, Estados Unidos de América, cuando estaba a punto de llamarlo para que se hiciera usted soldado, ¿se fue usted corriendo a México?

Al principio del juicio, el juez Thayer (que hablando con un conocido con el que jugaba al golf se refirió a los acusados como “esos anarquistas mal nacidos”) dijo al jurado: “Los conmino a que brinden este servicio, al que se les ha llamado a que presten aquí, con el mismo espíritu de patriotismo, coraje y devoción al deber como el que exhibieron nuestros muchachos, nuestros soldados, del otro lado de los mares”.

Las emociones evocadas por una bomba que estalló en la casa del procurador general Palmer durante el tiempo de la guerra –al igual que las emociones desatadas por la violencia del 11 de septiembre– crearon una atmósfera de ansiedad en la cual las libertades civiles se pusieron en entredicho.

Sacco y Vanzetti entendieron que cualquier argumento legal que sus abogados pudieran haber invocado no prevalecería contra la realidad de una injusticia de clase. Sacco dijo a la corte, al escuchar la sentencia: “Sé que la sentencia será entre dos clases, la de los oprimidos y la de los ricos… Es por eso que estoy aquí ahora, en el banquillo de los acusados, por pertenecer a la clase de los oprimidos”.

Tal punto de vista parece dogmático, simplista. No todas las decisiones en las cortes pueden explicarse así. Pero, a falta de una teoría que encaje en todos los casos, el punto de vista simple, fuerte de Sacco, es con seguridad una mejor guía para entender el sistema legal que aquel que asume que hay una competencia entre iguales basada en una búsqueda objetiva por averiguar la verdad.

Vanzetti sabía que los argumentos legales no los salvarían. A menos que un millón de estadunidenses se organizaran, él y su amigo Sacco morirían. Palabras no, lucha. Apelaciones no, exigencias. Peticiones al gobernador no, toma de fábricas. No se trataba de lubricar la maquinaria de un supuesto sistema legal justo para que funcionara mejor, sino de una huelga general que detuviera la maquinaria.

Tal cosa nunca ocurrió. Miles se manifestaron, marcharon, protestaron, no sólo en Nueva York, Boston, Chicago y San Francisco; también en Londres, París, Buenos Aires y Sudáfrica. No fue suficiente. La noche de su ejecución, miles se manifestaron en Charlestown, pero un enorme contingente de policías los mantuvo alejados de la prisión. Fueron arrestados muchos manifestantes. Las ametralladoras estaban emplazadas en las azoteas y los reflectores barrían el escenario.

Una gran multitud se juntó en Union Square el 23 de agosto de 1927. Unos minutos antes de la medianoche, las luces de la prisión se atenuaron en el momento en que los dos hombres fueron electrocutados. El New York World describió la escena: “La multitud respondió con un sollozo gigante. Las mujeres se desmayaron en 15 o 20 lugares. Otras, sobrecogidas, se tumbaron en las banquetas y hundieron la cabeza entre los brazos. Los hombres se apoyaban en los hombros de otros hombres y lloraban”.

Su crimen máximo era su anarquismo, una idea que aún hoy nos desconcierta como un relámpago debido a su verdad esencial: todos somos uno, las fronteras nacionales, los odios nacionales deben desaparecer, la guerra es intolerable, los frutos de la tierra deben compartirse, y mediante la lucha organizada contra la autoridad, puede advenir un mundo así.

Lo que nos llega a hoy del caso de Sacco y Vanzetti no es sólo la tragedia, también nos llega la inspiración. Su inglés no era perfecto, pero cuando hablaban se volvía una especie de poesía. Vanzetti dijo de su amigo: “Sacco es un corazón, una fe, un carácter, un hombre; un hombre que ama la naturaleza y a la humanidad. Un hombre que lo dio todo, que lo sacrifica todo a la causa de la libertad y a su amor a la humanidad: el dinero, el descanso, la ambición mundana, su propia esposa, sus niños, él mismo y su propia vida… Ah, sí, puede que sea yo más ingenioso y más parlanchín que él, pero muchas, muchas veces, al escuchar cómo resuena en su voz valerosa una fe sublime, al considerar su sacrificio supremo, al recordar su heroísmo, me he sentido pequeño, pequeño en presencia de su grandeza, y me he sentido empujado a no dejar que me invadan las lágrimas, a dominar el corazón que se me agolpa en la garganta para no llorar ante él; ante este hombre al que se le llama capo , asesino y maldito”.

Lo peor de todo es que fueran anarquistas, lo que significaba que tenían alguna loca noción de democracia plena donde no existiría la extranjería ni la pobreza, y que pensaran que sin esas provocaciones la guerra entre las naciones terminaría para siempre. Pero para que esto ocurriera los ricos debían ser combatidos y sus riquezas confiscadas. Esa idea anarquista es un crimen mucho peor que robar una nómina y por eso hasta el día de hoy Sacco y Vanzetti no pueden ser recordados sin gran ansiedad.

Sacco escribió esto a su hijo Dante: “Así que, hijo, en vez de llorar, sé fuerte, de modo que seas capaz de consolar a tu madre… llévala a una larga caminata por el campo en silencio, junten flores silvestres aquí y allá, descansen a la sombra de los árboles… pero recuerda siempre, Dante, en este juego de la felicidad no te sirvas a ti mismo únicamente… ayuda a los perseguidos y a las víctimas, porque son ellos tus mejores amigos… en esta lucha de vida hallarás más amor y serás amado”.

Sí, fue su anarquismo, su amor por la humanidad, lo que los condenó. Cuando Vanzetti fue arrestado, tenía en el bolsillo un volante que anunciaba una reunión que debía ocurrir cinco días más tarde. Es un volante que podría distribuirse hoy, en todo el mundo, de modo tan apropiado como el día de su arresto. Decía: “Han combatido en todas las guerras. Han trabajado para todos los capitalistas. Han recorrido todos los países. ¿Han cosechado los frutos de sus fatigas, el premio de sus victorias? ¿Acaso el pasado les da consuelo? ¿El presente les sonríe? ¿El futuro les promete cualquier cosa? ¿Han encontrado un pedazo de tierra donde puedan vivir como seres humanos y morir como seres humanos?

Sobre esas cuestiones, sobre estos argumentos de la lucha por la existencia, Bartolomeo Vanzetti hablará en esa reunión”.

Ese encuentro nunca tuvo lugar. Pero su espíritu existe hoy en la gente que cree y que ama y que lucha en todo el mundo.

Traducción: Ramón Vera Herrera

*Tomado del nuevo libro de Howard Zinn: A Power Governments Cannot Suppress, City Lights Books, San Francisco, 2007. Este libro será publicado en fecha próxima por La Jornada .

Solidaridad desde Lima con lxs 14 secuestradxs

Esta es una crónica de la pequeña muestra de solidaridad que hemos sumado desde esta región en apoyo a nuestrxs compañerxs secuestradxs y torturadxs en las mazmorras del Estado $hileno.

Para cuando estas líneas han sido escritas, nos da mucha alegría saber que varios de ellxs podrán ya dormir en sus hogares, y que poco a poco este montaje se va cayendo por el propio peso de su falsedad.

Nos motiva el leer sus palabras, y ver que las diversas acciones en cada rincón del planeta han sido el alimento y la llama que los ha acompaño durante los 65 días que duró su Huelga de Hambre. Que la solidaridad verdaderamente trasciende fronteras ficticias. Que el dolor y la rabia causada por la muerte de la compañera Patricia Heras, bajo responsabilidad del Estado español, y los nuevos secuestros de compañerxs en Italia y otras regiones, seguirá inspirando y haciendo multiplicar las acciones contra la autoridad, el Estado y el Capital. Y que los señores “gobernantes”, las clases propietarias y todos aquellos que intentan explotar, dominar y administrar la vida, no podrán dormir tranquilos. Porque …

 “Mientras exista una clase inferior, perteneceremos  a ella.

  Mientras haya un elemento criminal, estaremos hechos de él.

  Mientras permanezca un alma en prisión, no seremos libres.”

¡Salut y Liberación Total!

Algunxs individuxs por la An-arquía


El pasado jueves 28 de Abril en  Lima (región Perú), diversas individualidades continuamos apoyando la campaña internacional de solidaridad  con lxs 14 compañerxs anarquistas – quienes hasta hace unos días estuvieron en huelga de hambre por 65 días – secuestradxs por el Estado $hileno como parte del montaje político-policial-mediático denominado “Caso Bombas”.

Comenzamos a las 3: 30 pm difundiendo volantes informativos y pegando afiches en las paredes rumbo al local dela Embajada $hilena. Llegando al lugar, desplegamos nuestras banderolas con las consignas:

     LIBERTAD A LXS ANARQUISTAS

        SECUESTRADOS POR EL ESTADO

        PRESOS Y PRESAS ALA CALLE

        LIBERTAD A LXS COMPAÑERXS

        DEL MONTAJE “CASO BOMBAS”

        SUS REJAS NO CALLARÁN

        NUESTROS SUEÑOS

Y pasamos a formar un piquete informativo frente a la embajada difundiendo volantes sobre la situación a las personas que caminaban o pasaban en autos particulares o buses de transporte público, demandando la pronta liberación de lxs compañerxs y lanzando al aire varias consignas: ¡Estado $hileno, secuestra y tortura. Estado $hileno, es el terrorista!, ¡Libertad, Libertad a lxs presxs por luchar!, ¡Presxs políticxs anarquistas a la callle! ¡Presxs políticxs mapuches, a la callle! ¡Piñera fascista, eres el terrorista!

A propósito de este último individuo, magnate $hileno actualmente en la presidencia del país del sur. Arribó a Lima en visita oficial este mismo día, dentro del marco de  la conformación oficial de la Alianza del Pacífico y la firma de la Declaración del Lima, acuerdo firmado entre los Estados peruano, chileno, mexicano y colombiano. Este acuerdo intenta relanzar el viejo sueño económico impulsado por Estados Unidos – y frustrado por los movimientos sociales en varios países – del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), y en términos políticos significa la consolidación de un frente con los últimos gobiernos neoliberales en la región, que sea capaz de contrarrestar la influencia de los llamados gobiernos “progresistas”.

Al concluir la manifestación frente a la Embajada  nos dirigimos a la Plaza Mayor, en el centro de la ciudad, donde los presidentes firmarían la Declaraciónde Lima. Luego de esto, todos los presidentes abandonaron  Palacio de Gobierno escoltados de numerosos carros y personal de seguridad, salvo el magnate Piñera, quien con la soltura que otorga la ilusión del poder económico – y político – con el que ahora cuenta, decidió darse un paseo a pie por la plaza, rumbo a un restaurante de las inmediaciones para probar la tan publicitada “cocina peruana”.

Mientras sonreía para la prensa local, buscando seguramente mostrar familiaridad, cercanía y carisma – de la misma forma como cuando lo  hizo en su gira mundial para ganar réditos políticos luego del rescate a los mineros atrapados -, pudo verse como se le desencajaba el rostro cuando una compañera le espetó directamente, casi a menos de medio metro de distancia : “Piñera, eres un terrorista. El Caso Bombas es un montaje. Libertad a los presos políticos anarquistas”

Y a continuación un coro de voces comenzó a resonar en la plaza durante el trayecto del magnate rumbo al restaurante: “¡Estado $hileno secuestra y tortura. Estado $hileno es el terrorista”, ¡Libertad, libertad a lxs presxs por luchar!, ¡Presxs políticxs libertad!, entre otras. El magnate terminó corriendo, muy desconcertado y sin saber a donde mirar, envuelto en sus esbirros a sueldo, rumbo al restaurante, tratando de olvidarse del bochorno.

Cuando se retiró del local – una hora después – rodeado de un séquito de lacayos, burócratas locales, esbirros privados, y policía local (ahora dispuesta a dispersar a los manifestantes) tomó rumbo para su carro personal. De pronto, y para dejarle un último mal sabor, arruinándole el paseo,  un compañero – quien logró pasar desapercibido entre la gente y la seguridad- apareció frente a su carro, dándole un grito justo antes de que suba: ¡Piñera, fascista, eres el terrorista! ¡Libertad a los presos políticos anarquistas!, ¡Libertad a los presos políticos mapuches!. Piñera, solo pudo levantar la cara sorprendido e inmediatamente paso a esconderse en su lujoso Mercedes Benz, mientras el compañero le tiraba encima suyo, del  auto y al aire volantes informativos sobre esta campaña de solidaridad internacional.