Río Urubamba, hidrovía petrolera. Los ríos amazónicos convertidos en servidumbre


Barco Peter Ronna. Galería de imagen de Camisea Pluspetrol

“Cuando el último animal haya sido asesinado, el último árbol derribado, 

el último río envenenado…..te darás cuenta que el dinero no se come.”

Los compañeros de Alerta Amazónica nos envían este artículo sobre los impactos de la ruta petrolera en el Río Urubamba para los pueblos originarios, comunidades ribereñas y los ecosistemas. Impactos que no suelen tomarse en cuenta y, en el mejor de los casos, son infravalorados al asignárseles una valoración monetaria ficticia pues quien puede decidir ¿cuánto vale un río o un ecosistema?

– Este artículo tiene por objetivo la consideración del transporte fluvial de las petroleras como uno de estos impactos ignorados o, como máximo, arrinconado en el apartado de impactos indirectos.

Por Marc Gavaldà

Kaos en la Red, 30 de julio, 2011.- La valoración de los impactos de la actividad hidrocarburífera en la Amazonía puede concluir en resultados tan dispares como lo son las posiciones de sus emisores. Desde las compañías petroleras – las autoras de los impactos- así como su entramado de consultoras e instituciones clientelares, se tenderá a relativizar la afectación de sus actividades, minimizando- ignorando si pueden- o externalizando los impactos.

Frente a ese discurso absolucionista, las comunidades amazónicas – las receptoras de los impactos- responden con débiles quejas que frecuentemente se traducen en demandas de compensación.

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Ucayali: avance de petroleras amenaza la existencia de pueblos indígenas y en aislamiento voluntario

Alerta Amazónica, un grupo de documentalistas y activistas internacionalistas, se encuentran en la provincia de Atalaya (Ucayali) para realizar un documental sobre los impactos del proyecto Camisea a lo largo de su recorrido (de la selva al pacífico). El siguiente es un artículo que acaban de enviarnos sobre los pueblos en aislamiento voluntario en la zona y el peligro que significa la última asociación (en junio) entre PetroVietnam y Repsol.

El último tic-tac de los pueblos aislados.

Amenazas a los pueblos invisibles de la Amazonía

Por Marc Gavaldà / Alerta Amazónica

Sepahua , 13 de julio.- Son decenas de miles las comunidades indígenas que viven en los bosques de la Amazonía peruana. Sus culturas y modos de vida describen un proceso – a diferentes velocidades pero imparable- de asimilación a los patrones occidentales.

A medida que aumenta el consumo de productos prescindibles y ajenos, la entrada de iglesias de todo color, la irresistible atracción a los centros poblados o la contratación de comunarios como mano de obra en actividades extractivas, los pueblos originarios cada vez se parecen más entre ellos. Y a la vez se parecen más a la sociedad mestiza.

Sin embargo, algunas fracciones de estos pueblos siempre han rechazado voluntariamente este contacto asimilatorio, adentrándose a las regiones más inhóspitas. Los reportes sobre su existencia, expresan que cualquier ingreso a sus territorios es sentido como una amenaza a la cual se defienden. Por eso, los calatos, habitantes desnudos de la selva, despiertan respeto y temor a todas aquellas personas que entran a esas regiones buscando madera o petróleo.

En la actualidad, el avance de la frontera petrolera, los proyectos de conexión vial transfronteriza y un nuevo reglamento que permitiría la entrada en Reservas Territoriales creadas por el gobierno peruano para su protección, amenaza seriamente la supervivencia de los últimos pueblos en aislamiento voluntario del Perú.

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Proyección de videos en la Villareal 6 de mayo

Proyección de Video-denuncias sobre el derrame de petróleo del 19 de Junio del 2010 en el Río Marañón.

Imágenes y testimonios sobre el último derrame en el Río Chambira (afluente del Marañón), el 16 de Enero del 2011.

Conversatorio con los realizadores sobre los impactos de la industria petrolera en Loreto.

A un año del desastre petrolero en el Golfo de México

El 20 de abril de 2010, la plataforma de perforación Deepwater Horizon, que BP arrendaba a la firma suiza Transocean, explotó frente a las costas del sudoriental estado estadounidense de Louisiana, y dos días más tarde se hundió.

El pozo pudo sellarse apenas en julio. Para entonces ya se habían derramado casi cinco millones de barriles de petróleo de 159 litros cada uno y por lo menos cerca de 7,2 millones de litros de dispersantes químicos tóxicos en aguas del Golfo de México.

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